EDITORIAL

 

Oscar Arias y la oda del Nobel

Costa Rica está pasando por una serie de situaciones que provoca un aumento en la desconfianza hacia la clase política.

Personajes del sector bancario en un ambiente de duros cuestionamientos, el hampa generando inseguridad ciudadana en todo el país. Un gobierno en quiebra buscando dineros hasta debajo de las piedras y en el Congreso los diputados se tiran culpas de un lado a otro.

Por otro lado, Casa Presidencial ordena operativos agresivos contra trabajadores de UBER. Zapote se olvida del caos vial y gira directrices a los agentes de tránsito y así tratando de quedar bien con los taxistas rojos; que dicho sea de paso, muchos poseen carros en la actividad de pirateo.

El Ministerio de Hacienda tiene la grandiosa idea de cobrar un impuesto a usuarios de aplicaciones como Netflix para lograr cubrir su inoperante trabajo en la recaudación de los actuales impuestos.

Casa Presidencial solo demuestra que está desesperado ante su propia ineficacia en la debida administración de recursos públicos.

Mientras en Costa Rica pasa por esto y más, el expresidente, Oscar Arias, realiza una vez más una actividad, que es una oda a lo que ocurrió hace 30 años atrás.

No se le resta importancia al logro de Oscar Arias, tampoco se le puede quitar el mérito al esfuerzo (conjunto) para que en la región se lograra llegar a un pacto de paz. Pero vamos, eso fue hace treinta años.

Hoy existen otras urgentes necesidades que requieren una pronta solución y que en definitiva hagan que Costa Rica vuelva a la senda del desarrollo.

No se puede hablar de un proceso de paz de hace treinta años, cuando en las calles costarricenses reina el hampa y el narcotráfico al menudeo.

No se puede hablar de paz cuando quienes deben defender el bien común, engruesan sus cuentas bancarias con millonarias pensiones.

Cómo podemos hablar de paz, cuando el desempleo solo bajó 0,9% y la Inversión Extranjera Directa ve con suma desconfianza un gobierno perdido y desesperado.

Ya don Oscar, deje quieto ese premio suyo quieto, vuelva a ser un líder al frente de las batallas actuales y no siga suspirando al recordar viejo tiempos.

Existe una urgente necesidad de líderes, capaces de realizar cambios reales y lejos de los intereses de los amigos de campañas, banqueros o empresarios de gruesa billetera.

La clase media de este país poco a poco está desapareciendo, gracias a políticas desleales y cubierta de intereses de pequeños grupos.

Costa Rica se destacó por resolver sus problemas de forma creativa y siempre incluyendo a la clase trabajadora.

No somos el país más feliz del mundo, designación que es una bomba de humo y así tapar la corrupción, la violación de derechos humanos de algunas minorías y una clase política que poco a poco gana desconfianza.

Mientras el expresidente realiza un discurso poético sobre el Premio Nobel de la Paz, Liberación Nacional vuelve a perder oxígeno, gracias a malas imágenes que hace pocos años salieron huyendo del partido verdiblanco.

Los mismos que dejaron al liberacionismo en un increíble estado de deterioro emocional, hoy llegan a “pulsear” una diputación o un campito en algún ministerio.

Dónde están los líderes con ideas claras, proyectos realizables y deseos de una mejor Costa Rica. Si al mirar la historia reciente solo vemos escándalos tras escándalos.

No podemos hablar de un Nobel de la Paz, cuando nuestros niños y niñas en las escuelas son víctimas del narcotráfico.

Se nos prometió oportunidades con el Cafta y donde está la llegada masiva de inversión extranjera directa. Dónde están los empleos prometidos, las carreteras de primer mundo y el rescate del sistema solidario de salud.

Hay retos nacionales tan grandes que valen igualmente el esfuerzo y del tamaño de un Premio Nobel de la Paz.

 

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